Crecimiento económico para el desarrollo de México

 

¿Podemos alcanzar el desarrollo sin crecimiento económico? Esta pregunta elemental para todo estudiante de economía parece no serlo para el presidente de México, en su opinión podemos desarrollarnos sin crecimiento, ya que este último es un invento “neoliberal” para desviar la atención de aquello que es fundamental como la felicidad humana. Aun más ha estado declarando en sus conferencias diarias que su meta es distribuir mejor el ingreso, darle más a los que menos tienen. Lo anterior es loable y deseable, pero olvida (es un eufemismo) la contribución que juega en dicha tarea el crecimiento económico, la importancia que debe darse a crear un pastel mucho más grande para todos.  

La verdad es que el crecimiento, aunque no es el único ingrediente para desarrollarnos si es un elemento esencial que en sintonía con una mejor distribución del ingreso y cuidado del entorno natural nos puede conducir a tener una mejor sociedad en la que sean más los momentos de alegría que los de tristeza y derrota moral. El crecimiento económico implica que la actividad productiva se fortalece con el paso del tiempo lo que acarrea generación de empleos y en consecuencia mayores ingresos. Como economistas sabemos que nuestra meta en caso de hacer gobierno o trabajar en la iniciativa privada consiste en crear círculos virtuosos de causación acumulativa (crecimiento de la productividad, producto y empleo).

En México lo que ha ocurrido durante los últimos treinta y siete años es que la economía se estancó y estuvo sujeta a múltiples crisis que fortalecieron el empobrecimiento de la población, teniendo como resultado que se creara un círculo perverso en el que al no conseguir trabajo en el sector formal de la economía las personas migraron a los Estados de Unidos de Norteamérica, se integraron a la economía informal y en el peor de los casos se sumaron a las filas de la delincuencia. Durante todo este tiempo, ante la virtual ausencia de crecimiento económico la economía se mantuvo en el subdesarrollo, por ello vemos ciudades en caos, contaminadas, con problemas de todo tipo (crecimiento urbano descontrolado, deficientes servicios públicos, pobre generación de empleo, comercio informal, inseguridad, violencia, pésimos servicios médicos, en fin, la lista es interminable).

Las cifras confirman nuestro atraso, entre 1970 y 1981 la economía creció en términos per cápita (por persona) un 3.6% promedio anual, mientras que de 1982 a 1993 lo hizo en -0.4% y para el periodo 1994 a 2018 apenas 0.9% promedio anual. Aún más, el panorama es sombrío ya que en 2019 se espera un crecimiento negativo lo mismo que en 2020, muy lejos de lo logrado durante los cuarentas, cincuentas y sesentas del siglo XX. En materia de empleo formal las cifras son parecidas ya que durante el primer periodo creció 4.2%, en el segundo 2.0% y en el tercero 1.2%. Como revelan las estadísticas, la generación de empleo se correlaciona positivamente con el crecimiento económico, por ello éste es un requisito esencial del desarrollo.

¿Qué necesita México para crecer a tasas elevadas y sostenidas durante un periodo largo de tiempo? De acuerdo con el trabajo de investigación que hemos realizado un primer elemento consiste en entender que se ocupa de una armoniosa combinación entre estrategias gubernamentales (política fiscal, monetaria, cambiaria, de comercio exterior, de desarrollo regional, entre otras) y la iniciativa privada, complementar los esfuerzos de inversión privada con inversión pública. Ahora bien, para que exista inversión pública se requiere de recursos y estos deben provenir mayoritariamente de impuestos, ya que el endeudamiento ha producido pereza recaudadora lo que ha vuelto insostenibles las finanzas públicas.

Para crecer resulta urgente implementar una reforma fiscal integral que aumente el volumen de lo recaudado, una acción como esta implica un fuerte compromiso político en varios sentidos ya que debe demostrarse a los ciudadanos que existe un combate real a la corrupción y que por tanto el dinero que se les quita se transforma en obras que se traducen en mejoras para ellos y sus familias. La reforma fiscal requiere gobernantes decididos a transformar a México, por ello resulta lamentable que quienes hoy nos gobiernan a nivel federal expresen constantemente que no realizarán una reforma fiscal. Dicha reforma debe contemplar gravar más a los que más ganan, crear nuevos impuestos (e.g. a las herencias), aumentar la tasa de recaudación de los impuestos existentes, desalentar la evasión y elusión fiscales, así como incrementar la base de contribuyentes, particularmente de aquellos que hoy se encuentran en la informalidad. Ocupamos un Estado sólido en materia financiera y con alta credibilidad entre la ciudadanía.

Finalmente, quiero apuntar que otro elemento imprescindible para el crecimiento económico es la aplicación de una política industrial activa (políticas de desarrollo productivo con enfoque de largo plazo) que aliente la evolución de todos los sectores de la actividad económica con énfasis en las industrias manufactureras con alto contenido tecnológico e innovación. La apuesta debe ser invertir en infraestructura, equipamiento y desarrollo científico con impacto en la actividad productiva.

Todo lo asentado hasta aquí no es desconocido por quienes toman decisiones públicas, lo saben, el problema es que no ejecutan acciones de forma permanente, con eficiencia, calidad y honradez en esta dirección, la constante es la simulación, el engaño y la deshonestidad. Por ello el discurso de las actuales autoridades federales es tan contagioso y gana adeptos, porque todos queremos un mejor México. ¿Entonces por qué seguimos sin crecer como corresponde a una gran nación como la mexicana? La respuesta la tiene usted amable lector, somos nosotros quienes construimos la economía que día a día vivimos.

 

* Publicado originalmente en Monitor. Boletín de Análisis de Coyuntura Económica y Social de la Universidad Autónoma de Sinaloa, número 12, septiembre 2019. 

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